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06 junio, 2026

Crónica de una ruta mágica: Del Albaicín al Sacromonte

Unas jornadas antes...

«Nada más asomar a la gran explanada que se extiende a la espalda de la ermita de San Miguel el Alto, quedamos asombrados. Ante nosotros se desplegaba una multitud de hombres y mujeres de todas las edades. Vestidos con sus mejores galas y perfectamente alineados sobre alfombras dispuestas en el suelo, miraban hacia el este. Orientaban sus rezos hacia el punto por donde, no hacía mucho, había salido el sol y donde, en la lejanía, se evoca la mítica Meca en el horizonte, en el que se recortan las altas cumbres de Sierra Nevada, todavía salpicadas de abundante nieve.

Arrodillándose al unísono y con movimientos acompasados, entonaban oraciones al cielo en una lengua extraña para nosotros, dando gracias a Alá y al Profeta en el día en que la comunidad musulmana granadina celebra la Fiesta del Cordero. Tuvimos la inmensa fortuna de presenciar tan solemne momento, un instante que nos transportó de inmediato al pasado andalusí».



...días después, volvimos a esta zona tan emblemática para las grandes religiones —el monte del Aceituno—, siendo este el punto de partida en el que nuestro grupo de amigos comenzó un espectacular recorrido. La ruta nos guiaría desde el mirador de la ermita, a través del alto Albaicín y el camino del Monte, reservando un apoteósico final para la abadía del Sacromonte.

Entre murallas, cármenes e iglesias

Nos detuvimos un largo rato en el privilegiado mirador de San Miguel Alto para deleitarnos con las hermosas vistas de Granada. Aprovechamos el momento para identificar los cinturones de murallas que abrazan la ciudad: 

1. El cinturón de la Alcazaba Cadima (al-Qasaba al-Qadima o Alcazaba Vieja): Es el núcleo amurallado primigenio y más antiguo de la Granada musulmana (siglo XI, de época zirí). Se asienta en la parte más alta del actual barrio del Albaicín y protegía el centro del poder político y militar original antes del traslado a la Alhambra. Su muralla incluye restos tan famosos como la Puerta Monaita o el Arco de las Pesas.

2. El cinturón de la Medina (Madinat Garnata): Al expandirse la población hacia abajo, se construyó este segundo recinto para proteger la ciudad baja o comercial (la Medina), que albergaba la Mezquita Mayor, la Alcaicería y los principales zocos. Bajaba desde el Albaicín hacia el río Darro y conectaba con estructuras defensivas monumentales como la célebre Puerta de Elvira.

3. El cinturón del Albaicín y los Arrabales (Muralla Nazarí): Construido posteriormente en el siglo XIV bajo el Reino Nazarí, este tercer gran cinturón se levantó para cerrar y proteger los nuevos arrabales que habían crecido extramuros y la zona del cerro de San Cristóbal (conectando precisamente con la zona de San Miguel Alto de la que hablábamos en tu texto). Cuenta con accesos tan conocidos como la Puerta de Fajalauza.  

(Nota: De forma autónoma a la ciudad, en la colina de enfrente, se encontraba el recinto fortificado independiente de la Alhambra, que funcionaba como una ciudad palatina propia).

Luego llegó el turno de localizar, de izquierda a derecha, las distintas iglesias albaicineras, antiguas mezquitas de la medina: San Pedro, El Salvador, la Mezquita de San Nicolás junto a la iglesia homónima, Santa Isabel la Real, San Miguel Bajo, San Bartolomé, San Cristóbal y la derruida silueta de San Luis. Todas ellas aparecían salpicadas entre los frondosos cármenes del barrio. Hacia el sur y el oeste, la vista se abría a los distritos modernos y a los últimos vestigios de la Vega, enmarcados por los perfiles de Sierra Elvira, Parapanda, la Sierra de Loja y, en el horizonte, las de Tejeda y Almijara.

Boquiabiertos ante tal magia, abandonamos pausadamente el lugar descendiendo por las empinadas escaleras que nos situaron al pie del monte y a las puertas del Alto Albaicín, hasta alcanzar el mirador de la Cruz de la Rauda.

Un apunte histórico: En la época nazarí, este sitio albergaba la Rawda (o Rauda), el cementerio de la aristocracia y la familia real. Tras la Reconquista, la costumbre dictaba cristianizar estos espacios como símbolo de dominación. De ahí la presencia de esta antiquísima cruz de piedra que hoy da nombre al lugar.

Terminado el descenso, pasamos junto al Aljibe de la Vieja (siglo XIV), una muestra ejemplar de la fascinante cultura e ingeniería del agua que unía acequias y aljibes en todo el entramado del Albaicín.

Camino del Sacromonte y el legado del Padre Manjón

Nos adentramos en el Sacromonte a través de la empedrada, estrecha y zigzagueante calle de San Luis. Este es el emblemático barrio de las cuevas, donde el pueblo gitano se estableció aportando su peculiar filosofía de vida y una riquísima cultura musical y poética de valor incalculable.

La Fuente de la Amapola nos introdujo de lleno en la Vereda de Enmedio, un espacio repleto de rincones sugerentes, callejones empedrados, gente hospitalaria y panorámicas excepcionales de la Alhambra, el Generalife y el bellísimo Valle de Valparaíso, por cuyo cauce discurre el río Darro. Tras un breve respiro para refrescarnos en la fuente, saboreamos su agua mientras recitamos el poema grabado en su azulejo de Fajalauza:

"Cuánto me gustaría ser la fuente de mi barrio

pa' cuando pases y bebas sentir muy cerca tus labios".

En fuerte descenso, bajamos hacia el famoso Camino del Monte, donde se asientan las Escuelas del Ave María. Fueron creadas por el insigne canónigo don Andrés Manjón, un pedagogo iluminado que supo llevar dignidad e instruir las mentes de los habitantes del Sacromonte a principios del siglo XX, una época marcada por la extrema miseria.

Rememorando anécdotas escolares, enfilamos el último tramo de nuestro camino: el acceso por el Vía Crucis hacia la Abadía.

La revolución pedagógica de Andrés Manjón (1846-1923)

Hablar del doctor don Andrés Manjón es referirse a la figura más célebre, influyente y revolucionaria del cabildo del Sacromonte. Fue un hombre polifacético: catedrático de Derecho Romano en la Universidad de Granada, teólogo, canónigo y, por encima de todo, un pionero de la pedagogía moderna en España.

  • El "milagro" del Ave María: Nombrado canónigo en 1885, el punto de inflexión de su vida llegó a finales de 1888. Cuenta la tradición que, mientras paseaba hacia la abadía, escuchó a unas niñas gitanas cantar, las tablas de multiplicar otros dicen que el Ave María, dentro de una cueva. Al ser consciente del analfabetismo y la exclusión que sufrían los menores del barrio, decidió actuar y fundó las escuelas en un modesto carmen junto al río Darro.

  • Enseñar jugando: Mucho antes de que se popularizaran ciertos métodos europeos, el Padre Manjón revolucionó la enseñanza con principios modernísimos para el siglo XIX:

    • Educación al aire libre: Rompió con las aulas oscuras; las clases se impartían en pleno contacto con la naturaleza.

    • Pedagogía intuicionista: Diseñó mapas gigantes en el suelo para aprender geografía caminando sobre las provincias, saltando por las cordilleras, mojándose los pies en rios y mares, y utilizaba teatros de marionetas e historietas cantadas para las matemáticas.

    • Formación integral: Buscaba ofrecer higiene, formación profesional y valores a los hijos de los obreros y de la comunidad gitana.

Su modelo se extendió rápidamente por España y América Latina. Declarado "Venerable" por la Iglesia Católica en 2020, actualmente se encuentra en proceso de beatificación.


El tramo final: El Vía Crucis y la Abadía del Sacromonte

Una breve parada en la escalinata de la Ermita del Santo Sepulcro, cerca del Pozo de la Samaritana, nos sirvió para calibrar la importancia religiosa de este entorno a partir del siglo XV. Por entonces, el Vía Crucis partía de la iglesia de San Pedro y ascendía fatigosamente por las Siete Cuestas hasta la Abadía. El recorrido estaba jalonado por cruces de piedra y madera donde los fieles rezaban para alcanzar indulgencias. De aquella época aún se conservan cruces históricas como la del Santo Sepulcro, la de Rosa Luna, la de los Artilleros o la de los Ganapanes.

Disfrutando a cada paso del hermoso panorama, alcanzamos finalmente la Abadía del Sacromonte, un complejo monumental fundado en el siglo XVII en lo alto del monte Valparaíso. Su origen está ligado a uno de los episodios arqueológicos más controvertidos de la España de la Contrarreforma:

  • El hallazgo de los "Plomos": En 1595 se descubrieron en unas cuevas del monte varias láminas de plomo escritas en árabe (los célebres Libros Plúmbeos) junto a los supuestos restos de San Cecilio, primer obispo y hoy patrón de Granada. Aunque siglos más tarde la Iglesia demostró que los libros eran una falsificación de los moriscos para conciliar el islam con el cristianismo y evitar la expulsión, el fervor desatado justificó la construcción del complejo para custodiar las reliquias.

  • Las Santas Cuevas: El auténtico corazón de la abadía. Un entramado de pasadizos subterráneos y capillas excavadas en la roca donde se produjo el hallazgo, rematado por una cruz que, según la tradición, plantó San Juan de la Cruz.

  • El conjunto arquitectónico: Destaca por su sobrio patio renacentista con columnas de piedra de Loja, la Iglesia de San Dionisio Areopagita y el Colegio Viejo.

  • El Museo: Custodia tesoros como el plano de Granada de Ambrosio de Vico (1613), valiosos incunables, lienzos de la escuela granadina (con bocetos de Alonso Cano) y los Libros Plúmbeos originales.

Hoy, además de ser un relevante centro de peregrinación, la abadía se erige como un mirador excepcional sobre la Alhambra y el cauce del río Darro.

Nuestra ruta a pie toca a su fin. Solo nos queda agradecer de corazón a nuestro guía, Francis Molina Ortega, por habernos mostrado la Abadía del Sacromonte y habernos descubierto su historia en todo su esplendor actual. 


Ahora toca desplazarnos, ya en coche, hasta la vecina localidad de El Fargue, al Restaurante Padilla, para degustar un exquisito menú (15 euros), que nos vino de maravilla para recuperar las desgastadas fuerzas por el recorrido y la calor. 

  • Ver y descargar el track del recorrido a continuación:

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