Irremediablemente, vuelvo a evocar a Antonio Machado a través de Joan Manuel Serrat; es inevitable que así sea. Regreso a aquella época en la que escuchaba ese disco una y otra vez, día tras día, en plena adolescencia, allá por 1969. Sonaba en el viejo magnetófono de mi añorado amigo Juanico o en el tocadiscos compacto que giraba incansable en el bajo del Zaidín, aquel salón donde nos reuníamos, casi furtivamente, un grupo de jóvenes ilusionados, soñadores, entregados y solidarios, convencidos de que podíamos comernos el mundo y transformarlo. ¡Qué tiempos! Aspirábamos a hacerlo realidad «para la libertad», mientras también resonaban los versos del otro gran poeta, Miguel Hernández: «Para la libertad sangro, lucho, pervivo...».
Todo aquello permanece en mi ADN. Y, en estos tiempos convulsos que vivimos, vuelve como un soplo de aire fresco, con una vigencia y una actualidad sorprendentes.
¡Lo mismo que ahora!


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