Unas jornadas antes...
«Nada más asomar a la gran explanada que se extiende a la espalda de la ermita de San Miguel el Alto, quedamos asombrados. Ante nosotros se desplegaba una multitud de hombres y mujeres de todas las edades. Vestidos con sus mejores galas y perfectamente alineados sobre alfombras dispuestas en el suelo, miraban hacia el este. Orientaban sus rezos hacia el punto por donde, no hacía mucho, había salido el sol y donde, en la lejanía, se evoca la mítica Meca en el horizonte, en el que se recortan las altas cumbres de Sierra Nevada, todavía salpicadas de abundante nieve.
Arrodillándose al unísono y con movimientos acompasados, entonaban oraciones al cielo en una lengua extraña para nosotros, dando gracias a Alá y al Profeta en el día en que la comunidad musulmana granadina celebra la Fiesta del Cordero. Tuvimos la inmensa fortuna de presenciar tan solemne momento, un instante que nos transportó de inmediato al pasado andalusí».





