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PASA Y SIÉNTATE EN MI PORCHE, DESCANSA Y CHARLA UN RATO CONMIGO...
Las Nuevas Tecnologías avanzan que es una barbaridad e Internet cada vez se hace más presente en nuestras vidas, para lo bueno y para lo malo.

Los blogs han irrumpido en todo el mundo internáutico y el porche como no podía ser menos se pone en primera línea y no quiere quedarse atrás.
Este blog permite que el porche sea más participativo, un sitio en el que sea más fácil opinar, dejar un comentario o pegar aquello que simplemente se quiere compartir con los demás, con el único fin de mejorar la calidad de vida de nuestro pueblo y de sus gentes.
El único límite serán las que imponen las más elementales normas de educación y cortesía, el resto es cosa de todos nosotros.
Entra pues con toda confianza y siéntate un ratito a charlar plácidamente en este tu porche.

Sin raíces no hay ramas, sin áboles no hay bosque.
¡Abajo las raíces, arriba las ramas!
Ubuntu.
Salu2 cordiales y pedal-pedal.


lunes, julio 09, 2018

El Manual del Acequiero


Después de haber ido de acá para alla, moviéndome por las faldas de Sierra Nevada y recorriendo las tierras moriscas de la Alpujarra, siguiendo la huella de Boabdil y las desventurosas andanzas del último rey morisco Abén Humeya, ha sido frecuente caminar junto a rios, arroyos y sobre todo junto a acequias.

Las acequias han sido perfectos hilos conductores para desplazarnos agradablemente por el terreno. Seguir una acequía es un privilegio. Nunca falta el agua, no hay fuertes desniveles, están generalmente jalonadas de generosos frutales, gratificante sombra y lo que es mejor aún, siempre, siempre, salvo en ocasiones en que se haya perdido, junto a una acequia está el camino del acequiero, nuestro buen camino.

Por eso, saludo gustósamente encantado el encuentro con este Manual del Acequiero, que rescata los usos y costumbres en torno al culto del agua en la acequia, en un claro esfuerzo para que no se pierdan esos modos antiguos que permitían, y aún consiguen, llevar las cristalinas aguas de las cumbres de Sierra Nevada hasta las tierras bajas en la vega, recargando fuentes y veneros, creando fértil vida a su paso. Lo hemos vivido y visto con nuestros propios ojos, por eso respetamos las acequias antiguas, las tradicionales y todo lo que con ellas se genera, agradecemos el esfuerzo protector que realizan las administraciones e instituciones por su recuperación y mantenimiento y nos congratulamos porque existan este tipo de publicaciones, que con tan buen gusto y acierto, vienen a poner en valor un acervo cultural y patrimonio de nuestra tierra andaluza: las acequias ancestrales y el acequiero, alma de la acequia.
En definitiva, es un hermoso granito de arena en esa lucha a la que estamos obligados a realizar de defensa de nuestro medio ambiente y de la Madre Tierra, últimamente tan maltratada por desgracia.

Saludemos y disfrutemos pues, de la amena y pausada lectura de este manual, una joya escrita por Rocío Espín Píñar, Eduardo Ortíz Moreno y José Ramón Guzmán Álvarez, y deleitémonos también con las hermosas, magníficas y bellas ilustraciones de José Daniel Cabrera Peña y Rocío Espín Píñar. La obra está publicada en el 2010 por la Agencia Andaluza del Agua de la Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía.

martes, mayo 29, 2018

¿Todo por la Patria?



Ha llegado a mis manos, por decirlo de alguna forma, el poema de José Emilio Pacheco, titulado Alta Traición y que pego a continuación.

Alta traición:
No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida

por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques, desiertos, fortalezas,
una ciudad deshecha, gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
—y tres o cuatro ríos.
Después de leerlo varias veces, de procurar comprenderlo e intentar asimilarlo, surgen en mi mente mil y una preguntas en estos convulsos tiempos de nacionalismos y de patriotas de un lado y del otro. Al final, cada vez estoy más convencido de que lo que importa es la gente buena, la que te mira de frente y sin rencor, la que es capaz de compartir y de solidarizarse, la que trabaja, camina, sufre, rie y llora a tu lado, o al menos cerca de tí.

Se me ocurre buscar en Google la palabra Patria y en imágenes, te cuento lo que aparece:
  • El libro Patria, de Fernando Aramburu. Empezamos bien...
  • Banderas y más banderas.
  • ¿Carros de combate? Miedo me va dando...
  • Soldados desfilando. El miedo se multiplica. 
  • Gente enfrentándose. Seguimos en la misma línea.
  • Cementerios plenos de tumbas que dieron su vida por la patria.
Dejo de buscar, no me gusta lo que encuentro...

En definitiva, regreso a la esencia del poema, me quedo, me quiero quedar con lo concreto (aunque suene mal) frente a lo etéreo, peligrosamente abstracto.

domingo, mayo 06, 2018

Desde la Piedra-Mirador


Hay una piedra que me sirve de mirador.
No es muy grande, pero tiene todo lo que debe tener una piedra-mirador: una forma con clarillo cómodo para sentarse y sobre todo estár en un lugar alto, elevado, sin obstáculos alrededor, libre y abierto a los cuatro vientos. 
Cuando voy con alguien y me encuentro cerca, siempre, orgullosamente, digo lo mismo a modo de presentación: esta es mi piedra.

Es mi piedra-mirador.

De vez en cuando, y no sé explicar por qué, siento su llamada y no me queda más remedio que dirigir mis pasos hacia ella.
Tiene un lugar privilegiado.
Al llegar a su lado, el ritual que sigo es siempre el mismo.
Tocarla, sentirla, acariciarla, despojarme de la mochila o de la riñonera, buscar el familiar huequecillo y sentarme. Sentir su contundencia bajo mi cuerpo. Respirar profundamente, suspirar, guardar reverente silencio, echar un largo trago de agua.
Mientras tanto, mi perrilla Balto, la fiel compañera, también busca el hueco ensombrado bajo la piedra, y se tumba relajada sabedora de que ha llegado una pausa en el caminar.
Paro de moverme, y calmosamente quieto empiezo a mirar, luego a pensar, y finalmente a imaginar.

  
Desde ella se puede ver hacia el pasado, sentir como se te viene encima, contemplando las ruinas de antiguos hogares, las piedras y restos que los conformaron.
¡Ay, si las piedras hablaran! ¡Cuantas y cuantas historias podrían contarnos!
Historias de vida y de sufrimientos, de lucha diaria, de alegrías y seguro que de tristezas.


Pero desde mi piedra-mirador, también se puede contemplar el presente.
Los cortijos y casas de los hombres y mujeres de ahora.


Desde allí, se le vienen a la cabeza de uno, las parecidas luchas cotidianas, el trabajo, las alegrías de las fiestas, las penas y las tristezas que da la vida, de gente que uno conoce, que tienen cuerpo y cara definido..., en definitiva, es lo mismo, es fácil pensar que el acontecer del pasado y del presente, es igual, lo mismo, que tiene los mismos vaivenes, idénticos altos y bajos, lo único que varía es que ahora le puede poner uno cara a la gente; a los otros, a los que fueron, únicamente puedes imaginarlos, pensarlos, adivinarlos.

Desde la piedra-mirador, contemplo el Valle del Genil, suspendido en sus terrazas.


Río que serpenteante baja enmarcado entre cuadrados de todos los imaginables tonos de verde y marrón. Alejándose, tranquilo, reposado, vivo y embarrado por la tierra que arrastra de la última tormenta.
Entrecierro los ojos y miro su culebrear, inexorable, imparable, hacia el hueco del valle en el que están los Infiernos de Loja, entre el Hacho y la Sierra Loja, y más allá, el horizonte conocido, y el que más lejos aún seguro queda y quedará por conocer. Uno se siente pequeño entre tanta grandeza.

Es el momento en el que pienso en el futuro, ¿cómo será el próximo hombre, o mujer, que se suba a lo alto del cerro y probablemente se siente sobre la misma piedra?
Seguro que tendrá parecidas inquietudes, alegrías y problemas, iguales, semejantes, pero claro, de otra época, de otra era.

Seguro que la piedra-mirador permanecerá allí, quieta, inamovible, imperturbable, puede que algo más desgastada, más vieja por el constante viento, el golpear de la lluvia y el cansino sol. ¿Más sabia...?
Inmutable en la espera de que sobre ella se siente otro hombre, o mujer, que entrecierre los ojos, suspire y se ponga a pensar en el irremediable circular de la vida.


Dedicado a mi piedra-mirador del Cerro de la Mora. 
Gracias amiga.

Mi Sangrilhá

Mi Sangrilhá
Mi amiga Ayes Tortosa dice que este es su Sangrilhá, yo me sumo a esa idea y me declaro habitante entusiasta de ese mundo.