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14 junio, 2025

Andando por las ramas.


Acabo de recibir como quien dice, calentito, el regalazo de este libro de poesía escrito por mi amiga Ayes Tortosa. Se titula "Andando por las ramas" y está ilustrado por Laura G. Pereña, M. Ángeles Quijada y Mar Delgado. Está publicado por Baker Street Ediciones y publicado en marzo de 2025.

De nuevo y nada más empezar a hojear el libro, me ha enganchado, me he sentido fascinado y no he sido capaz de parar, lo he tenido que leer al tirón, aunque bien es cierto que luego el cuerpo me ha pedido la relectura más sosegada, atenta y degustativa, así que no he tenido más remedio que releer.

Es un libro dedicado a los árboles y a los "abraza-árboles" como yo, que contiene una colección de hermosos poemas que se te agarran en lo más profundo, de esa manera tan sutil, sencilla y delicada que Ayes muy certeramente, como el que no quiere la cosa, sabe muy bien hacer.

Animo, como no podía de otra forma, a su lectura y disfrute, pero yo me voy a permitir el lujo de tomar alguno de sus poemas para este blog de "el porche de Luis".


Como es lógico y como la sangre tira, el primer poema seleccionado es el que Ayes dedica a las choperas de nuestro pueblo: Villanueva Mesía, por el que tengo predilección y me encanta, ale...

LAS ALAMEDAS DEL RIO
A mis queridos amigos de Villanueva Mesía.

Las alamedas del río
-las que sueñan con el mar-,
con sus pañuelitos verdes
nos saludan al pasar.

Y que regalo el rumor
del río entre las montañas.
Y qué sorpresa las risas
de aquel colegio de sol.

Te llevaré para siempre
como un ovillo en mi mano
y un recuerdo sin edad.

Te llevaré para siempre, 
paraíso tan cercano.
Tú será mi Shangri-La.

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Con este poema me he emocionado sobremanera, ya que son muchas veces, hasta hacerse hábito y costumbre, el emocionado abrazo al abuelo, silencioso, sintiendo en las yemas de mis dedos, con cariño, las arrugas de su vieja corteza, buscando la conexión con la Madre-Natura a través de sus raíces.

EL ABUELO
Al castaño centenario de la Vereda de la Estrella.

Igualito que un abuelo,
un abuelo sabio y bueno, 
el castaño centenario
a todos nos da su abrazo.

A la mariposa blanca,
al buho en su agujero,
a la ardilla juguetona,
al niño que tiene sueño,
al pajarillo en la rama,
a los ratoncillos listos...

Y en las mañana de invierno
o en las tardes de verano,
siempre nos cuenta algún cuento,
igualito que un abuelo,
el castaño sabio y bueno.

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Si pudiera ser, pido, por pedir, morir con las botas puestas y cerca de mi gente. Por cierto, cuando huelo el "cañaduz" me acuerdo de mi Madre y de la vega de Salobreña. 


OLORES
A Gabriel montañero.

Cuando huelo los membrillos
siento olor a chimenea
(fuego rojo y amarillo).
Cuando huelo el "cañaduz",
se me aparece mi infancia
toda vestida de azul.
Cuando huelo el azahar,
¡qué aroma de las naranjas
a la orillita del mar!

Y el olor de las montañas
llenas de robles y pinos,
de castañas y de encinas,
es un olor de caminos.
Y todos llevan tus huellas.

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Aunque no soy muy de higos, digo gracias a la higuera, porque disfruto viendo a mis colegas entusiasmados cogiéndolos y al Gómez, experto en higos, catalogándolos del 1 al 10.  ¡Gracias, gracias!


¡GRACIAS!
Digo, ¡gracias!, al almendro,
al castaño y al peral.
Digo gracias a la higuera
y a las flores del azahar.
¡Gracias, gracias!, cañaduz
hueles a playas del Sur.
Muchas gracias alamedas,
chopos blancos del camino...
Sois tesoros sin monedas,
tesoros del peregrino,
que agarrado a su bastón
dice gracias, gracias, gracias...
Gracias raíces y troncos.
Gracias todas las mañanas,
gracias al atardecer:
hojas verdes y marrones.
Gracias ramas florecidas
y ramas sin florecer.

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Digo, ¡gracias! a Ayes,
por prestarle sus hermosas palabras 
a mis sentimientos.

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