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23 febrero, 2018
El Cuaderno de Sara
El domingo pasado fui al cine. Tuve la suerte de encontrarme con una película de las que no te dejan indiferente. De las que cuando sales, sientes en la cabeza un runrun que no para y que me lleva a volver a pensar en la suerte que hemos tenido los que hemos nacido en "este lado de la raya". Un regusto amargo en la boca, revuelto con un soplo de fría esperanza, menos mal.
Al final todo se reduce y se simplifica a eso, a nacer en este o en el otro lado de la raya. A vivir en este mundo gordo, sebón, cómodo, superficial, carente de valores, tan carente que ni sabe lo que tiene, porque siquiera conoce lo que se cuece en la calle, en el más allá cercano y lejano, y vive tan relajado en la cueva que proporciona el sofá del salón de turno o en el otro lado, en el de la misería, el de la basura acumulada, el del hambre, el de la injusticia sorda y callada que se
Está bien que de vez en cuando se nos muevan los palos del sombrajo, se nos tire del sillón en el que estamos confortablemente instalados y que se nos muestre la cruda, dura y delirante realidad de los que viven al otro lado de la raya, de los que, por ejemplo, buscan el coltán de sangre para que tengamos el móvil y la pantalla de última generación, ese que al poco tiempo que pase abandonamos y despreciamos.
Es una gran película porque te hace pensar, porque destaca valores como la fidelidad, la solidaridad, la entrega, la compasión, el tesón, el esfuerzo... Además, es una película muy bien hecha técnicamente, de las que deja el nivel del buen cine español a la altura de la mejor película américana.
Bien vale la pena el ir a verla, por eso os la recomiendo.
¡¡¡Aaahhh, lo olvidaba, la interpretación y trabajo de Belén Rueda, magistral, soberbio, maravilloso, espléndido...!

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