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24 marzo, 2017

Vamos con los Libros: LA HUÉSPEDA, un poema de Gloria Fuertes

Sin comerlo ni beberlo nos han encerrado en el Cuarto Oscuro 
  -¡ la vida!- 
(¡Qué cuarto de hora tan pequeño!) 
¡Qué cuarto tan pequeño sin ventanas! 

El mío tiene dos puertas, eso sí, 
una cerrada, 
                    -¡ Y sólo Dios sabe donde está la llave!- 
y la otra de par en par... 

   Por ella entra y sale la fulana de la angustia... 
...La dejé entrar en casa, 
y me pidió quedarse, 
me pilló en mal momento, 
y le di manta y todo. 
Vino para una noche, 
y ya va a hacer dos años; 
...empezó a meter muebles, 
y a adularme los versos... 
Otras veces intenta matarme con su vino, 
o con su droga barata de tristeza... 
¡Voy a hacerlo! 
¡Quiero deshacerme de ella!... 

...El Abogado dice que no tengo derecho, 
que ha pasado el período... 
y que ha metido muebles... 
y sigo con la Huéspeda. 
La zorra de la angustia 
anoche llegó mala... 
¿Y cómo voy a echarla 
si me vino preñada de esperanza? 

  (De "Obras incompletas")

GLORIA FUERTES (Madrid, 28 de julio de 1917 – ibídem,27 de noviembre de 1998) fue una poeta (no le gustaba que la llamaran poetisa) española.
   Aunque ella siempre se definió como «autodidacta y poéticamente desescolarizada», su nombre ha quedado ligado a dos movimientos literarios: la generación del 50 y el postismo, grupo literario de posguerra al que se unió a finales de los 40 y del que formaban parte Carlos Edmundo de Ory,Eduardo Chicharro y Silvano Sernesi, y en el que también colaboraron Ángel Crespo y Francisco Nieva.
  Para saber más de la autora: http://es.wikipedia.org/wiki/Gloria_Fuertes

Del Blog Vamos con los Libros: LA HUÉSPEDA, un poema de Gloria Fuertes

La gotita de la punta del calamar

En Las Piedras del Caletón de Salobreña, fotografía de David Llanas Ortega

Me ha llegado, sin esperarla, esta foto de manos de un amigo. Recoge el momento glorioso, para el pescador, claro, en el que se muestra con orgullo el resultado de una noche de vigilia, de pesca con caña de este bello, por misterioso al menos para mí, animal.

La foto, una instantánea que recoge el resultado del esfuerzo de la captura, no tendría mayor interés a no ser por el plano del calamar iluminado por la luz naciente reflejada del mar. Es de esas imágenes que te enganchan, cual calamar a su hilo, que te hace mover, recorrer la mirada por todo el conjunto escenario, para luego fijarla, detenerla, llevarla iremisiblemente al punto de atractivo interés, en este caso, al calamar que pende de su tentáculo y que nos obliga a bajar la mirada a la cabeza recorriendo el fosforescente cuerpo, luego hasta la transparencia que emanan las aletas inertemente extendidas, para finalmente detenerse en seco, en esa gran minúscula gotita, brillante, esplendorosa, cautivadora y suspendida, a punto de caer ya, desde la punta del calamar.

Toda una gran foto que, como en la vida misma, nos lleva a ser recorrida en toda su extensión para al final terminar en donde menos te lo esperas, en esa cautivadora, pequeña gotita.

Somos minúsculas gotitas que penden de las puntas de calamares.

Y es que en donde menos te lo esperas salta la liebre o mejor dicho, se ilumina la gotita de la punta del calamar.